1. Porque It’s the most wonderful time of the year! Una ciudad que siempre va tan deprisa, que pocas veces se para a disfrutar de lo que ofrece, en estas fechas, sí lo hace. Los neoyorquinos sí se paran a mirar a su alrededor, las nuevas luces, los nuevos escaparates… ¡Sonríen!

2. Porque la Navidad en Nueva York empieza en cuanto pasan Thanskgiving y el Black Friday, es decir, la última semana de noviembre y eso supone más de un mes y medio de espíritu navideño en sus calles (y en sus tiendas).

Navidad en Nueva York

3. Porque podría caer la primera gran nevada del año en esas fechas. Y una Navidad con nieve es un sueño si no vives en sitios fríos. Y algo obligatorio si vives en lugares tan o más fríos.

4. Porque patinar sobre hielo  mientras cae la noche en Central Park es una experiencia tan romántica para poder compartir en pareja y tan divertida para poder hacerlo también en familia.

Central Park nevado

5. Porque una visita a Dyker Heights, el barrio de Brooklyn con más luces de Navidad por metro cuadrado del mundo, revivirá el espíritu navideño del grinch más verde. Los vecinos se gastan una imposible cifra en renovar cada año su decoración, una extraña y entrañable competición que empezó entre ellos hace más de 30 años y deberías disfrutar con un chocolate caliente para llevar. Y si Dyker Heights te queda lejos, los escaparates de Macy’s y las tiendas de la Quinta Avenida son un buen sustituto, y mucho más elegante.

Dyker Heights

6. Porque solo en Nueva York y en Navidad puedes subirte a un rooftop y ver el Empire State metido en un iglú transparente mientras te bebes una sidra caliente, o un cóctel de Martini y whisky especiado, para entrar en calor.

7. Por los villancicos pop que cantan los voluntarios de Salvation Army. Vestidos de Papa Noel o no, cantan y bailan a veces solo acompañados de una campanilla. Y, de repente, los neoyorquinos a su paso dejan de ser tan serios y altivos.

Rooftop Iglú en Nueva York

8. Porque la ciudad huele a Navidad. Y te preguntarás, ¿a qué huele la Navidad? A abetos pequeñísimos, como los que venden en puestos callejeros para llevarte a casa, o gigantes, como el Rockefeller Plaza que siempre es visita obligatoria.

9. Porque existe un lugar en el que la Navidad se extiende hasta mayo: Rolf’s. El restaurante alemán de Gramercy Park que pone decoración navideña del suelo al techo, mucha, muchísima, y ahí la deja hasta que llega el calor a la ciudad.